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Arma virumque cano. Oh! no, no. Ya quisiéramos expresarnos como el autor de la Eneida, porque su fuerza expresiva relatándonos las proezas de Eneas nos estimulan a buscar el discurso con el que interpelar para convocar a un día especial. Y es que hay fechas especiales positivas lo mismo que también las hay negativas. La experiencia nos lo enseña. También advertimos que ciertas personas, o acaso muchas, puede que no recuerden una jornada especial. Pero sin embargo existen: son fechas señaladas en que cambia la vida o el mundo. Los pesimistas no saben de esto, pero los que razonan, los que reflexionan sobre el pasado caen en la cuenta de que existen días especiales. Incluso cuando no lo sabemos con exactitud, establecemos un día para celebrarlo. La Iglesia católica, sabedora de esto, estableció una fecha para la Anunciación, y nueve meses después fijó el Nacimiento. Los cristianos lo celebran, o sea, conmemoran en esos días dos hechos trascendentales de la Humanidad. Pero cada vida individual y cada historia colectiva cuentan también con días especiales. Hay épocas en que los acontecimientos son tan relevantes que pasan a los libros para que los jóvenes estudiantes recuerden los sucesos que han definido al mundo. Todo esto en lo que atañe a lo conocido, pero es que hay otros días que se nos escapan pese a que pueden ser trascendentes. Eso es lo que sucede en épocas pesimistas, en las que la mente ni está dispuesta a imaginar un signo de esperanza, una señal futurista. Decimos todo esto porque en este año 2011 el menos avisado habrá captado que están ocurriendo hechos históricos inesperados y que nacen de una gran voluntad de transformación. Suceden en regiones de las que no se esperaba más que la rutina de la continuidad injusta; pocos días atrás hasta en Portugal miles de jóvenes desvinculados de organizaciones decimonónicas se han manifestado reclamando que hay que cambiar. No quieren que la vida siga siendo la misma, con sus múltiples defectos aparentemente incorregibles. En otros lugares los poderes represivos han detectado que esa corriente transformadora imparable hay que frenarla para que los poderes constituidos no pierdan el control. En definitiva, en este llamativo y esperanzador año 2011 las fuerzas del bien se disponen a entrar en acción. Por supuesto que el mal se resistirá, peleará para impedirlo, pero la voluntad transformadora parece imparable. Es necesario que lo sea para modificar definitivamente unos sistemas corruptos que engendran la injusticia y que fabrican unos estereotipos para hacer creer a los humanos que no hay posible cambio sino dentro del orden establecido por unos poderes ya acabados, en fase de extinción. Decimos todo esto porque éste es un momento histórico crucial y queremos que lo sepan y que lo piensen los sevillanos. Las elecciones del domingo 22 de mayo pueden ser unos comicios más, insignificantes, aburridos, desesperanzadores; pueden invitar como desde hace décadas a más de un cuarto de millón de conciudadanos para que sigan pensando que la vida sigue igual, estéril, decepcionante, que da igual votar a unos o a otros porque finalmente no hay notables diferencias. Y efectivamente así podría ser, pero nuestro Grupo es insusceptible de calificársele como a los demás, porque nos mueve un altruismo que nace de un sentimiento profundo de identidad con la ciudad, un sentimiento familiar inextinguible. En nosotros no hay objetivos particulares sino un afán profundo de perfeccionar la ciudad que puede seguir siendo una metrópoli de importancia mundial. Pues, bien, todo se decidirá en un día, en unas horas. El destino de Sevilla puede cambiarlo el electorado. Así es. Cada día ante la vida individual y colectiva se presenta la oportunidad de hacer algo nuevo para cambiarla. Pero sobre todo hay días señalados, cruciales, en que el porvenir se resuelve con una decisión, una decisión que hay que tomar un día concreto y no cualquier otro día. Vamos, que el 22 de mayo puede ser un día señalado para Sevilla, un día histórico. Con esa confianza preternatural nos presentamos. Lo que hace falta es que quienes visitan nuestra página divulguen este proyecto, sabedores de que con él la ciudad cambiará profundamente a mejor. Nuestro Grupo no se resigna a pensar que la vida se repite día a día. Nosotros pensamos que existen días especiales en que la oportunidad transformadora aparece y hay que aprovecharla porque no todos los días son iguales. Por eso hemos elegido esa excelente pintura de Eduardo Cano en que se nos muestra un día especial. Un día de 1485 en que Colón explica a los frailes, al físico de Palos y a otros cuál es el horizonte de su proyecto que cambiaría la historia. Los oyentes, cultos e inspirados, se unen al marino sabio para compartir juntos ese día especial en que se cimenta cómo el mundo dejaría la Edad Media para entrar en el Renacimiento. Y ocurre en La Rábida, en un monasterio franciscano. Fue un día especial que el pintor ha inmortalizado. Nosotros meditamos todo esto y por eso anhelamos que ese penúltimo domingo de mayo sea también un día especial, porque los ánimos emprendedores se junten para hacer de Sevilla de nuevo capital del mundo, porque sabemos que podemos evolucionarla para que sea capital del sur de Europa, capital comercial del Mediterráneo Occidental, y una ciudad clave, porque lo ha sido, para entender la historia, para conocer lo mejor de nuestra especie. Porque Sevilla es uno de los ejes de España y de Europa. Cuando el historiador don Claudio Sánchez Albornoz explicaba a sus discípulos y lectores qué ciudades eran claves insustituibles de la Hispanidad se refería a Santiago, Toledo y Sevilla. Nosotros no podemos renunciar a este significado, porque esto define nuestro devenir; igual que ningún individuo puede renunciar al pasado que define su personalidad. Esa fuerza de la historia define el carácter de nuestra ciudad, y en esa definición interviene una grandeza cuya conciencia ha pasado de padres a hijos durante siglos. Cuando una vecina de la Candelaria declara que está orgullosa de ser sevillana, en ese sentimiento entran, aunque ella no lo pudiera explicar del todo, la santidad de Fernando III, la heroicidad de Daóiz, la simpatía y atractivo de María de las Mercedes, el nazareno de pocos años que reparte caramelos y la adolescente que viste el traje más logrado de la historia del vestido, al punto de que cuando una joven baila sevillanas vestida de flamenca en la puerta de la embajada española ante la Santa Sede, los curiosos se arremolinan para llenarse del estilo y de la gracia de unos movimientos y de una música universal. Las traducciones de Virgilio acompañaban a los años gozosos de las grandes esperanzas, y a los que hemos aprendido latín en sus versos nos inspira proclamar que Sevilla convoca a un día especial para transformarlo todo. Depende de 256.000 sevillanos que, tras leernos, deben reflexionar que ese domingo de mayo merece que nos acerquemos a unas urnas para mejorar la vida. 15-3-2011 |
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