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Un programa constructivo para la ciudad de Sevilla.

Seguiremos pendientes
de Sevilla.

El milagro del Padre Tarín.


 

Un día especial
El 22 de mayo puede transformar la ciudad.

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Arma virumque cano. Oh! no, no. Ya quisiéramos expresarnos como el autor de la Eneida, porque su fuerza expresiva relatándonos las proezas de Eneas nos estimulan a buscar el discurso con el que interpelar para convocar a un día especial. Y es que hay fechas especiales positivas lo mismo que también las hay negativas. La experiencia nos lo enseña. También advertimos que ciertas personas, o acaso muchas, puede que no recuerden una jornada especial. Pero sin embargo existen: son fechas señaladas en que cambia la vida o el mundo. Los pesimistas no saben de esto, pero los que razonan, los que reflexionan sobre el pasado caen en la cuenta de que existen días especiales. Incluso cuando no lo sabemos con exactitud, establecemos un día para celebrarlo. La Iglesia católica, sabedora de esto, estableció una fecha para la Anunciación, y nueve meses después fijó el Nacimiento. Los cristianos lo celebran, o sea, conmemoran en esos días dos hechos trascendentales de la Humanidad. Pero cada vida individual y cada historia colectiva cuentan también con días especiales. Hay épocas en que los acontecimientos son tan relevantes que pasan a los libros para que los jóvenes estudiantes recuerden los sucesos que han definido al mundo. Todo esto en lo que atañe a lo conocido, pero es que hay otros días que se nos escapan pese a que pueden ser trascendentes. Eso es lo que sucede en épocas pesimistas, en las que la mente ni está dispuesta a imaginar un signo de esperanza, una señal futurista. Decimos todo esto porque en este año 2011 el menos avisado habrá captado que están ocurriendo hechos históricos inesperados y que nacen de una gran voluntad de transformación. Suceden en regiones de las que no se esperaba más que la rutina de la continuidad injusta; pocos días atrás hasta en Portugal miles de jóvenes desvinculados de organizaciones decimonónicas se han manifestado reclamando que hay que cambiar. No quieren que la vida siga siendo la misma, con sus múltiples defectos aparentemente incorregibles. En otros lugares los poderes represivos han detectado que esa corriente transformadora imparable hay que frenarla para que los poderes constituidos no pierdan el control. En definitiva, en este llamativo y esperanzador año 2011 las fuerzas del bien se disponen a entrar en acción. Por supuesto que el mal se resistirá, peleará para impedirlo, pero la voluntad transformadora parece imparable. Es necesario que lo sea para modificar definitivamente unos sistemas corruptos que engendran la injusticia y que fabrican unos estereotipos para hacer creer a los humanos que no hay posible cambio sino dentro del orden establecido por unos poderes ya acabados, en fase de extinción. Decimos todo esto porque éste es un momento histórico crucial y queremos que lo sepan y que lo piensen los sevillanos. Las elecciones del domingo 22 de mayo pueden ser unos comicios más, insignificantes, aburridos, desesperanzadores; pueden invitar como desde hace décadas a más de un cuarto de millón de conciudadanos para que sigan pensando que la vida sigue igual, estéril, decepcionante, que da igual votar a unos o a otros porque finalmente no hay notables diferencias. Y efectivamente así podría ser, pero nuestro Grupo es insusceptible de calificársele como a los demás, porque nos mueve un altruismo que nace de un sentimiento profundo de identidad con la ciudad, un sentimiento familiar inextinguible. En nosotros no hay objetivos particulares sino un afán profundo de perfeccionar la ciudad que puede seguir siendo una metrópoli de importancia mundial. Pues, bien, todo se decidirá en un día, en unas horas. El destino de Sevilla puede cambiarlo el electorado. Así es. Cada día ante la vida individual y colectiva se presenta la oportunidad de hacer algo nuevo para cambiarla. Pero sobre todo hay días señalados, cruciales, en que el porvenir se resuelve con una decisión, una decisión que hay que tomar un día concreto y no cualquier otro día. Vamos, que el 22 de mayo puede ser un día señalado para Sevilla, un día histórico. Con esa confianza preternatural nos presentamos. Lo que hace falta es que quienes visitan nuestra página divulguen este proyecto, sabedores de que con él la ciudad cambiará profundamente a mejor. Nuestro Grupo no se resigna a pensar que la vida se repite día a día. Nosotros pensamos que existen días especiales en que la oportunidad transformadora aparece y hay que aprovecharla porque no todos los días son iguales. Por eso hemos elegido esa excelente pintura de Eduardo Cano en que se nos muestra un día especial. Un día de 1485 en que Colón explica a los frailes, al físico de Palos y a otros cuál es el horizonte de su proyecto que cambiaría la historia. Los oyentes, cultos e inspirados, se unen al marino sabio para compartir juntos ese día especial en que se cimenta cómo el mundo dejaría la Edad Media para entrar en el Renacimiento. Y ocurre en La Rábida, en un monasterio franciscano. Fue un día especial que el pintor ha inmortalizado. Nosotros meditamos todo esto y por eso anhelamos que ese penúltimo domingo de mayo sea también un día especial, porque los ánimos emprendedores se junten para hacer de Sevilla de nuevo capital del mundo, porque sabemos que podemos evolucionarla para que sea capital del sur de Europa, capital comercial del Mediterráneo Occidental, y una ciudad clave, porque lo ha sido, para entender la historia, para conocer lo mejor de nuestra especie. Porque Sevilla es uno de los ejes de España y de Europa. Cuando el historiador don Claudio Sánchez Albornoz explicaba a sus discípulos y lectores qué ciudades eran claves insustituibles de la Hispanidad se refería a Santiago, Toledo y Sevilla. Nosotros no podemos renunciar a este significado, porque esto define nuestro devenir; igual que ningún individuo puede renunciar al pasado que define su personalidad. Esa fuerza de la historia define el carácter de nuestra ciudad, y en esa definición interviene una grandeza cuya conciencia ha pasado de padres a hijos durante siglos. Cuando una vecina de la Candelaria declara que está orgullosa de ser sevillana, en ese sentimiento entran, aunque ella no lo pudiera explicar del todo, la santidad de Fernando III, la heroicidad de Daóiz, la simpatía y atractivo de María de las Mercedes, el nazareno de pocos años que reparte caramelos y la adolescente que viste el traje más logrado de la historia del vestido, al punto de que cuando una joven baila sevillanas vestida de flamenca en la puerta de la embajada española ante la Santa Sede, los curiosos se arremolinan para llenarse del estilo y de la gracia de unos movimientos y de una música universal. Las traducciones de Virgilio acompañaban a los años gozosos de las grandes esperanzas, y a los que hemos aprendido latín en sus versos nos inspira proclamar que Sevilla convoca a un día especial para transformarlo todo. Depende de 256.000 sevillanos que, tras leernos, deben reflexionar que ese domingo de mayo merece que nos acerquemos a unas urnas para mejorar la vida. 15-3-2011

 
Los jóvenes del 22 de mayo.

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En una cafetería cercana al mar Atlántico no habíamos terminado el desayuno cuando leímos que se enterraba al creador de la Facultad de Filosofía de Sevilla. Don Jesús Arellano Catalán fue uno de aquellos catedráticos de la época en que el concurso nacional de plazas docentes deparaba para una Universidad el hallazgo de un profesor con ciertas características diferentes, incluso la de ser nacido en otra provincia, que no es pequeña virtud para una fructífera labor pedagógica. Nos encaminamos de inmediato al cementerio de San Fernando y llegamos a tiempo a la oración última cerca del Cristo de las Mieles. De vuelta por el sendero de cipreses, un discípulo suyo nos respondía: en la Universidad ya no quedan maestros. Una ley torpe había acatetado a las universidades al punto de favorecer al candidato nativo a docente por encima de cualidades intelectuales. Con ella ingresaba en el cuerpo de profesores, entre otros cientos, un ejemplar de quien el presidente de un tribunal de la otra época había dicho a sus compañeros, tras escuchar su ponencia, con una interrogante que a su vez era una conminación: “¿Este no obtendrá nunca plaza, verdad?”. La decadencia es tan evidente que en la Granada con una Universidad señera 22.000 jóvenes se emborrachaban el 18 de marzo de 2011 para celebrar la entrada de la primavera. ¿Qué piensan sus profesores, los dirigentes de la ciudad, sus diputados provinciales y senadores? ¿No se sienten culpables de esa degeneración en una de las provincias más pobres de España pero con una Universidad atractiva y una imagen turística internacional de primer orden? La vergüenza es aún mayor comparándola con una situación internacional en que miles de jóvenes desde el Yemen y Jordania hasta Marruecos y Portugal claman por cambiar sus países, por romper con sistemas amojamados que carecen de expectativas para la juventud. Porque España, como todos esos países, necesita con urgencia una convulsión social que rompa el amodorramiento que permite que un inútil dirija a una gran nación. Y siendo la juventud la fuerza regeneradora o revolucionaria, ¿aquí, donde más urgente y necesaria es la transformación, la multitud de jóvenes se emborracha, se deprava? Será difícil encontrar mayor corrupción. Presenciamos así las consecuencias extremas de que el máximo poder político haya surgido no de una selección entre los mejores, como exige la razón para alcanzar la cátedra o el gobierno, sino de la envidia. Sí, de la envidia: la España de hoy no está dirigida por el más apto sino por el mediocre menos envidiado, que fue el que ganó las elecciones internas del partido gobernante, unas elecciones en que triunfaron los votantes que envidiaban al más capaz y prefirieron a un estúpido. Así que nadie diga de su desgracia que Dios la ha permitido; la desgracia, el infortunio de la España de hoy, es ni más ni menos que la victoria de la envidia. Un pecado tan castrante que hasta prolonga la agonía de un gobernante necio que ya debería haber salido de la Moncloa con unas elecciones generales que sepultaran de una vez al enfermo terminal del que penden cuarenta y seis millones de españoles.
Ese gobernante y la causa que lo ha encumbrado a dirigir la nación han producido una generación destructiva. Aproximadamente cada trece años una generación nueva emerge en la sociedad. Puede ser creativa, continuadora o destructiva. En 1978 España presentaba ante el mundo una generación constructiva que había elaborado una constitución; esto sucedía el 6 de diciembre de aquel año. Cuando no habían transcurrido sino trece años y cuatro meses, esto es, en abril de 1992, nuestro país mostraba ante el mundo una generación continuadora de la anterior y que incluso la superaba porque hacía de España la capital del mundo; toda la nación vivía con entusiasmo la efeméride del Descubrimiento de América y cada provincia y cada ciudad y cada pueblo pugnaba por no quedar fuera de la celebración haciendo algo constructivo que fuera orgullo del presente y ejemplo para el porvenir. Pero, ay, llegó el año 2005 y con él una generación destructiva. La verdad es que el cambio de gobierno producido el año anterior –podríamos denominarla por esto generación de 2004- era consecuencia del asesinato de casi doscientos compatriotas. Y si la muerte trajo al poder a un nuevo gobernante, éste no cesó de enmarañarse con la muerte para producir una generación decadente. Pues que es imposible que involucrado con el mal pudiera haber forjado una generación constructiva. El nuevo gobernante padecía el trauma de la muerte violenta de su abuelo en la última guerra civil, y en consecuencia hasta impulsó una ley para desenterrar cadáveres, otra para abortar y una tercera para practicar la eutanasia. ¿Creerá alguien que con esos parámetros se puede construir una generación positiva? Imposible. La generación de 2005 es un fracaso histórico. Esos 22.000 jóvenes granadinos emborrachándose para iniciar la primavera constituyen la manifestación de una generación perdida. Por ello, lo único que cabe para superarla definitivamente es impulsar las condiciones para que la siguiente generación se desligue totalmente de la actual y se defina con la intención de ser creativa. A propósito nuestro Grupo insiste en que se celebre una II Exposición Universal en Sevilla, que sería el núcleo intelectual y material de la nueva generación, la de 2019, que, como 1992, puede devolver a España a sus valores trascendentes universales.
Aclaremos ya que podemos considerar miembros de una generación a los que en el año de su definición tienen una edad comprendida entre 23 y 36 años. Es una edad dinámica, en que se poseen las energías de la juventud y no existen impedimentos mentales para la creatividad, y se posee toda la energía para poner en marcha cualquier pensamiento. Si tomamos como ejemplo la del 98, vemos que Unamuno nació en 1864, y Antonio Machado en 1875. Dicho esto, los integrantes de esta generación negativa lo que podrían hacer es desvincularse de sus condicionamientos, si es posible, y sumarse a los parámetros de la generación siguiente, la de 2019. Ahora los que ya forman parte de esta nueva generación, que debe ser constructiva, ya tienen que empezar a romper con la anterior y defender nuevos valores. Esto sólo se conseguirá con una ruptura definitiva con el pasado inmediato. Si los 22.000 borrachos de Granada son la expresión última de la decadencia de una generación perdida, otros tantos miles o más de sevillanos jóvenes deben iniciar el camino de la generación constructiva de 2019. Y precisamente tendrán una gran oportunidad el próximo 22 de mayo. Sí, como hemos dicho, en otros países las manifestaciones juveniles han acabado incluso con regímenes despóticos, en España la principal manifestación puede tener lugar en las elecciones del 22 de mayo. Ese día, y nos remitimos ahora a nuestros lectores y posibles votantes, que son sevillanos; ese día, decimos, la juventud sevillana habría roto con la decadencia si asiste a votar reclamando un cambio total en el gobierno de la ciudad. Con esa actitud nuestras propuestas para mejorar a la ciudad se pondrán en marcha de inmediato, y Sevilla liderará la transformación de España para que una generación constructiva se consolide y rompa definitivamente con el mal. Los jóvenes sevillanos podrían estimular al cuarto de millón de abstencionistas para que se sumara a esta convulsión. Se acabará con el pretérito si se produce un gran triunfo de la participación política como lo fue en aquel referendum para la reforma tras el final de la dictadura, un triunfo que no ha vuelto a tener igual en todos los comicios siguientes. Como aquel triunfo que anticipaba que 1978 constituiría una generación constructiva, así debería ser el próximo 22 de mayo: una fecha culminante para definir el porvenir. Esta gran posibilidad está en manos de los jóvenes. Son ellos los que deben reflexionar sobre el presente para superarlo y confiar plenamente en que si después de esa fecha alguien traiciona el espíritu que estimuló a que fuera un gran día, habrá que destruir a los traidores, arrebatándoles el poder para generar el optimismo de una ciudad que aspira a construir, y no a destruirse arrastrada por una generación perdida. Y no decimos exclusivamente que voten a nuestro grupo, sino que vayan a votar con la exigencia y la convicción de un cambio que no permitiremos que sea abandonado a intereses del pasado. Llama la atención que Sevilla sea capital de la abstención; el 22 de mayo deberá ser recordado por la máxima participación política de una juventud que no quiere entregar sus energías a la decadencia sino aprovecharlas para construir. La generación de 2019 tiene su primera cita histórica el 22 de mayo de 2011. Los jóvenes sevillanos deberán dar ejemplo al resto de España de lo que es tener ganas de transformar la sociedad (esta foto ha sido tomada de cubaout.wordpress.com). 14-3-2011