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Un programa constructivo para la ciudad de Sevilla.

Seguiremos pendientes
de Sevilla.

El milagro del Padre Tarín.


 

Una calle para el profesor Jesús Arellano.

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Fue el creador de la Facultad de Filosofía de Sevilla, entonces ubicada en el edificio de la imagen que reproducimos, y que ahora se destina a anexo de la Facultad de Bellas Artes. La creación de aquella facultad era una necesidad universitaria e intelectual de la ciudad. Y por tanto el haber llevado a cabo la solución a esa necesidad es de un mérito trascendente en la historia de la Universidad de Sevilla. Otros le precedieron en la impartición de aquella asignatura de primero que se intitulaba “Fundamentos de filosofía”, pero ningún docente de los que le antecedieron tomó la iniciativa y tuvo el coraje, la dedicación, la constancia y la fuerza para crear una facultad siempre golosa para los que aspiran a controlar las ideas. Nuestro profesor tuvo bastantes enemigos como todo hombre importante, pero los superó haciendo escuela. El profesor Arellano, además de creador, fue un maestro, que es el poseedor de un carisma que atrae al estudiante, lo seduce para el estudio y la investigación, y lo anima para mejorar por si mismo sus dotes intelectuales. Una universidad, como una sociedad, precisa de esas personas carismáticas que son referencias para encaminarse hacia el bien, para buscar derroteros diferentes si cabe, pero con una matriz que presenta ideas paradigmáticas que alumbran el porvenir de cada uno. Un maestro es un personaje inolvidable en la vida de cada uno de sus alumnos, porque para analizar el mundo y la individualidad se necesita recurrir a referencias que han meditado lo mismo y han propuesto soluciones. Soluciones no dogmáticas sino posibles, y así el estudiante después reflexiona y vive por sí mismo cada una de las experiencias que presenta la vida. Sirvió a la ciudad al forjar una institución de tanta envergadura, y sirvió a la ciudad como maestro de futuros profesores o intelectuales. La posibilidad de futuro de una sociedad, de una ciudad, está en proporción directa al número de los maestros que han explicado su pensamiento y han entregado a los demás su carisma. Nuevamente tenemos que hablar del momento actual, el de una Generación fracasada, y entre otras causas porque faltan maestros. Frente a esto es imprescindible producir una nueva Generación y alentar a que haya maestros para favorecerla, para guiarla. Por todo esto un personaje como el profesor don Jesús Arellano debe contar con una calle en la ciudad. Los jóvenes y los mayores siempre preguntarán de quién se trata, y la respuesta será muy positiva porque hablaremos de un profesor dedicado a mejorar a la Humanidad, a entregar sus ideas a los otros para que aprendan a vivir autoconscientemente. En definitiva, nuestro Grupo en el Ayuntamiento trabajará para que el maestro de filósofos lleve su nombre en una calle sevillana (la foto ha sido tomada de Google Maps). 26-4-2011