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Sí, por supuesto, esto es Sevilla. La declaración de nuestros canónigos del siglo XV para hacer una catedral es historia de Sevilla y representación del carácter de la ciudad. Así debemos seguir, porque así somos. Esa es nuestra personalidad. Somos cosmopolitas, Sevilla es universal, y por tanto sus proyectos deben estar a la altura de este carácter. Y el mundo vive de eso: de ciudades con personalidad, con singularidades que atraigan a los ciudadanos del mundo. Por eso ningún proyecto mundial nos es ajeno, sino propio, y así nos ven los demás, nos aceptan y nos quieren. Sevilla es universal y con esta definición debemos cumplir y de ella nos nutrimos para la vida diaria, pero una vida que tiene un sentido de trascendencia. Los sevillanos están orgullosos de su urbe y tenemos que seguir contribuyendo a ese sentimiento identitario. Por todo esto podemos y aspiramos a construir la mayor biblioteca del mundo. Sevilla puede hacerlo y es una ciudad con un destino en que eso es posible. ¿Qué mejor obra que una biblioteca?, ¿qué mayor atractivo que una ciudad que visitar para leer, conocer e investigar? Hemos dicho en otros artículos que queremos visitantes para nuestra capital como ente cultural e intelectual. La mayor obra con esta finalidad es crear una biblioteca de que se hable en todo el mundo y todo el mundo quiera conocer, todo el mundo quiera visitar, todo el mundo quiera recorrer sus estancias y sentarse para leer los libros que difícilmente en tal cantidad se puedan encontrar en otros lugares del planeta. Si Sevilla tiene fama por hechos singulares que se repiten y que son polos de atracción para cualquier ciudadano, nosotros queremos añadir una atracción más, la mayor atracción: los libros. ¿Cuánto tiempo tardaría en construirse? No importa. Se trata de comenzar la obra, una obra colosal con una finalidad civilizadora: ofrecer libros para leer a cualquier visitante. Él recordará siempre que ha encontrado en Sevilla los libros que difícilmente encontraría con tanta abundancia en cualquier otro lugar del mundo. Queremos que sea la primera. Los libros son la fuente de la sabiduría, la concentración de todas las ideas y de todas las experiencias para que el lector penetre en el significado del Universo y en el del individuo a fin de encontrar una explicación profunda de la vida. Visto todo ello desde múltiples ópticas e idiomas para así contrastar criterios hasta encontrar la verdad. Verdades parciales o verdades trascendentes. Una biblioteca así se incorporará al alma de los sevillanos para que el gorrilla de la Delegación de Educación y el biólogo del Instituto de La Grasa estén orgullosos de que Sevilla es una gran ciudad, también porque cuenta con la mayor biblioteca del mundo, con la biblioteca más visitada, con la más avanzada, y donde todos los saberes están reunidos en sus largas estanterías. Pretendemos que la biblioteca sea patrimonio de la humanidad, que es nuestro objetivo para todo el casco antíguo, y nos planteamos que sea Patrimonio de la Humanidad también por su arquitectura, por su vínculo con el casco antiguo y porque proyectamos que la Universidad de Sevilla se traslade a este lugar, a Tablada, que es un lugar de éxitos de la historia de la ciudad. La Biblioteca Nacional, de Madrid, cuenta con 10 millones de libros; la de Francia, con 12 millones; la British Library, 16 millones; y la mayor por ahora es la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos, con 30 millones de ejemplares. Pues bien, queremos y pretendemos que la Biblioteca de Sevilla cuente con más de esos 30 millones. Los dicho. Será la más importante biblioteca del planeta, y aquí sí que vale la idea de subvención, porque su edificación atraerá un incalculable número de visitantes que reportarán grandes ingresos a la ciudad. Por supuesto que también llegarán los lectores con macuto, y bienvenidos sean; dispondrán de taquillas para guardar sus pertenencias. Ninguna idea acerca de qué es una biblioteca será ajena a este proyecto. Indudablemente una institución así es una gran creación de riqueza, requerirá bastantes puestros de trabajo, entre los cuales habrá que contar con titulados en bibliotecas y archivos, y a falta de éstos, con licenciados en historia o en filología. Desde todos los puntos de vista será rentable la biblioteca de Sevilla. Hoy por hoy no se nos ocurre ponerle otro nombre que ése, aunque si hubiese que rotularla con alguno, sería con el nombre del sevillano Nicolás Antonio, uno de los mayores expertos en libros en la historia de España. 27-4-2011 |
PROPUESTAS PARA LA CIUDAD
Últimas noticias
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