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Un programa constructivo para la ciudad de Sevilla.

Seguiremos pendientes
de Sevilla.

El milagro del Padre Tarín.


 

Cien mil parados al Ejército.

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Nuestro Grupo tiene como primera ocupación la búsqueda de empleo para los más de 200.000 desempleados de Sevilla. Por eso, y por supuesto sabiendo que soluciones provinciales al asunto será difícil encontrarlas, más bien serán decisiones gubernamentales de carácter general las que lo resuelvan, proponemos al Gobierno que tome otra decisión –la anterior la hemos presentado como solución para un millón de parados-. Sería aumentar las fuerzas armadas en cien mil soldados más de tropa y marinería. De esta manera en vez de percibir un subsidio, cobrarían un salario, desde luego que manteniendo el derecho a retornar al subsidio si por cualesquiera causas dejaran de prestar servicio armado. Los soldados, además de ocuparse en el servicio de las armas, aprenderían un oficio, de manera que transcurrido un año de contrato pudieran presentar el justificante de su capacitación como electricistas, carpinteros, fontaneros, informáticos o de cualesquiera otras especialidades que demostraran que además de ocuparse en las fuerzas armadas, preparándose para una acción militar, habrían estado formándose en tareas igualmente útiles para la sociedad civil. Por otra parte, a ningún analista se le escapa que el contingente de nuestras fuerzas armadas es reducido si lo sometemos a cualquiera comparación. Es más, esa cifra que más que duplicaría a nuestras fuerzas debería ubicarse prioritariamente en las Islas Canarias, en África y en Andalucía. No está de más advertir, y el estudioso más bisoño se da cuenta, que nuestros potenciales enemigos –y cualquier otra idea es tan ramplona como gravemente peligrosa- se encuentran en el norte de África, y para que la idea que presentamos se perciba todavía más diáfana, ya se ve qué está sucediendo en esa zona y consecuentemente pueden pensarse consecuencias lógicas. Sólo un Gobierno ingenuo podría despreciar las potenciales incidencias que pueden deparar la coyuntura actual e inmediata, y sólo unos gobernantes ilusos podrían calcular que el paro podría resolverse sin grandes decisiones. Por tanto, parece más que lógico que se acepte nuestra propuesta. Cualquier historiador puede aportar datos comparativos sobre cómo en épocas y situaciones semejantes los mejores gobernantes incrementaron los ejércitos. España, con alto nivel intelectual, no puede incurrir en errores evitables como aquí se sugiere, ya que lo único que haría nuestro plan de empleo militar es producir beneficios múltiples. Más todavía: si consultados los Estados Mayores, se apunta la necesidad de incrementar el material de guerra, será la ocasión propicia no para importar armamento sino para crear fábricas en Canarias y en Andalucía, y consecuentemente generar más empleo aún. Esta decisión jamás debe verse como una propuesta militarista, armamentista, sino como una solución consistente para crear miles de puestos de trabajo, los cuales mejorarán a la Nación y en particular a Sevilla, en todos los sentidos. Incluso de esta manera se actualizaría la tradición militar de nuestra ciudad, miren por dónde. Lo que no podemos es –una vez más lo decimos- lamentarnos, perdiendo el tiempo, el dinero y el dinamismo de un país emprendedor como el nuestro, que durante dos décadas recientes fue un ejemplo para el mundo y tuvo en Sevilla su capital con la Expo 92. Más se podría aducir a favor de la urgente propuesta, pero al menos dejaremos claro que consideraríamos aptos para estos empleos personas que llegaran hasta los cincuenta años de edad; el mundo hoy en día es joven y esa edad, por tanto, no está reñida con una dedicación así.