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Un programa constructivo para la ciudad de Sevilla.

Seguiremos pendientes
de Sevilla.

El milagro del Padre Tarín.


 

El alcalde, que es fiscal, debe llevar a los tribunales al ex alcalde y al presidente de Cajasol.

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Porque esperamos que en el Ayuntamiento de Sevilla no se cumpla el refrán archiconocido: en casa del herrero cuchillo de palo. Esto es, el alcalde, si quiere parar la construcción de la torre cateta, tiene que enfrentarse a los enemigos de Sevilla, dos de los cuales son el ex alcalde y el presidente de Cajasol. Ya sucedió con el jardín del Prado, y triunfaron la razón, la justicia y la ley: el ex alcalde y el rector de la Universidad fracasaron actuando contra Sevilla. Dos días antes de las elecciones municipales, el entonces alcalde y el presidente de Cajasol suscribieron un acuerdo “en contra de los informes de la Intervención municipal”. Un informe del oficial mayor en funciones asegura que el convenio firmado infringe cinco artículos de la Ley de Bienes de las Entidades de Andalucía. Más claro imposible, el ex alcalde cometió prevaricación (artículo 204 del Código Penal), y los dos firmantes incurrieron en cohecho (artículo 424,3 del mismo Código). Hay que combatir, pues, a estos presuntos delincuentes que quieren destruir Sevilla. Y, bueno, el ex alcalde ahora ha pasado a ser inspector médico; pero el de Cajasol sigue siendo presidente, y en una situación extrema de crisis, en una fase de venta de acciones de la Caja de Ahorros, ahora Banca Cívica, para entrar en bolsa, se enemista con los sevillanos. Y precisamente cuando los rascacielos de Madrid están en venta. Los dueños de algunas de las torres más emblemáticas de la capital de España han colgado el cartel de “se vende” en busca de liquidez. ¿Y aquí se construye a marchas forzadas un rascacielos? Absurdo. Tan absurdos como los aeropuertos de Ciudad Real, León, Castellón y Lérida, donde unos incapaces pero manejando dinero público hicieron levantar edificaciones irrentables a mayor gloria de sus nombres, claro que llevando al infierno el dinero público, y haciéndolo con la ayuda de cajas de ahorros. Como aquí. A todo esto está pendiente de tribunales la concesión de la licencia para construir el engendro Pelli. Contra la cual se han manifestado, por cierto, Europa Nostra, y el arquitecto Fernando Mendoza, que señala que estas edificaciones ya sólo se construyen en países tercermundistas. Debe pararse la obra, y Cajasol haría mejor financiando a los sevillanos Astilleros Españoles. Porque de la crisis aún no se ha salido, aunque eso es lo que declaraba el 11 de mayo de 2010 el presidente de Cajasol. Tan equivocado estaba que catorce meses después estamos peor, y sin embargo Cajasol erre que erre sigue con la Torre Pelli, y los astilleros sevillanos, pobrecillos, sin recibir dinero de Cajasol para terminar la construcción de tres barcos contratados, más muchos otros que se pueden fabricar en una factoría con prestigio internacional, que aumentaría las exportaciones industriales sevillanas, el sector más importante para mejorar la economía nacional. Y no vale, porque es de chiste, decir que la catetada no afecta al paisaje histórico, porque eso nada más que lo puede decir un tuerto mirando con el ojo ciego para el Aljarafe. Y no vendría mal que la Cámara de Comercio, Industria y Navegación, en vez de parecer una asociación de fieles en espera de que el arzobispado la autorice, se pronuncie en contra de ese rascacielos ridículo donde mismo se podría construir uno de los más rentables centros comerciales de Sevilla. (15-7-2011)